domingo, 4 de marzo de 2012

El récord más vergonzoso de Wilt Chamberlain

(AP)
Wilt Chamberlain no era una estrella al uso. Ni siquiera un deportista corriente. Sus hábitos, poco recomendables para un jugador de élite, y algunas de sus excentricidades convirtieron a la persona en personaje. Pero, por encima de toda duda, estaba su calidad como jugador de baloncesto. Un deporte para el que tenía unas cualidades innatas y que explotó como nadie durante toda su carrera hasta convertirse en el hombre récord de la NBA.
Pero nunca como aquel 2 de marzo de 1962. Ese día Chamberlain escribió una de las páginas más gloriosas de la historia del deporte al anotar 100 puntos en la victoria de los Philadelphia Warriors sobre los New York Knicks (169-147). Una marca de la que cualquiera se sentiría orgulloso. Cualquiera menos Wilt.
El gigante caminaba hacia los vestuarios abriéndose paso entre una multitud enloquecida con lo que acababa de presenciar. Su rostro parecía estar en éxtasis. No sería para menos. Sin embargo, ahora, cuando se cumplen 50 años de aquella gesta, su hermana desvela que no todo fue felicidad para Chamberlain aquella noche.
"Wilt se sentía un avergonzado de ese récord", recuerda Barbara Lewis. "Él pidió el cambio cuando vio que el partido cuando estaba ganado y él llevaba 75 puntos y lo volvió a pedir cuando con 84 tantos en su haber, lo que también sería el récord de anotación individual en la NBA. Pensaba que estaba humillando a sus rivales".Barbara Lewis, hermana de Chamberlain, ha aprovechado el aniversario para recordar que su hermano no estaba orgulloso de lo que acababa de conseguir y que, durante muchos años, no quería hablar del partido perfecto.

Una confesión demoledora que da una idea de lo especial que era Chamberlain. La declaración de Barbara ha sido refutada por los propios rivales de Wilt aquella noche mágica. Richie Guerin, jugador de los Knicks, también recordaba que el jugador de los Warriors se sentía avergonzado camino de los vestuarios.
Guerin recuerda su encuentro con Chamberlain en el All Star del 87. "Le dije que tenía que estar orgulloso de lo que había conseguido. En aquella época los Knicks no éramos un gran equipo y competimos lo mejor que pudimos, por lo que le aseguré que aquella noche nadie se había sentido humillado".
Pero Chamberlain no sólo se sentía avergonzado por sus rivales. También por sus propios compañeros. En el vestuario, mientras todos celebraban la victoria, Al Attles se acercó al gigante que estaba sentado solo en una esquina. Cuando le preguntó qué le ocurría, Chamberlain le contestó: "Nunca había tirado 63 veces a canasta". Complejo de chupón.
Quizás por ello, Chamberlain se daba por satisfecho cuando llegó a los 75 puntos. Y más con 84. Quizás por ello pidió el cambio a su entrenador en ambas ocasiones, según ha confesado Attles. Sin embargo, el técnico 'warrior', Frank McGuire, hizo caso omiso a las peticiones de su jugador, permitiendo la consecución de una marca inigualable que de ser por Chamberlain nunca se habría producido.

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