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Rory McIlroy aún sonríe cuando recuerda lo que ocurrió el año pasado en Augusta. Fue uno de los grandes batacazos de la historia del golf y también una de las grandes historias de recuperación. Un mes después estaba ganando el US Open.
Impresiona la naturalidad con la que el joven norirlandés encaja los golpes. Más o menos igual que sus victoria por k.o. "Si no gané el Masters del año pasado es, simplemente, porque no estaba preparado para ganarlo. Aquella experiencia me sirvió de muchísimo. Me di cuenta de muchas cosas que después de valieron para ganar el US Open", asegura.
McIlroy no es un tipo de grandes lamentos. Más bien, al contrario. Que dicen que Tiger es favorito, pues muy bien. Ni se inmuta. "No suelo prestar demasiada atención a los pronósticos. Es algo que sólo existe sobre el papel. Es fantástico para el Masters y para el golf que Tiger esté de vuelta, pero yo sólo me voy a preocupar esta semana de mi juego y se tratar de darme una opción de ganar. Si encima me las tengo que ver con el mejor golfista de los últimos veinte años, pues fenomenal", señala.
McIlroy asegura que la principal enseñaza que recabo de su fiasco en la cuarta vuelta del año pasado fue que tenía que mejorar el juego corto. "No aproché como yo suelo hacerlo, no fui agresivo, me encogí y eso no va a volver a suceder. Es lo que más he estado entrenando en las últimas semanas".
Rory no quiere que le comparen con Tiger. "No tengo los logros de Woods y ni siquiera estoy cerca de su nivel en los últimos quince años. No quiero comparaciones. Sólo he venido al Masters a darme una oportunidad de ganar. Soy mucho mejor jugador que el año pasado", afirma.






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