jueves, 10 de mayo de 2012

La fe de Tiger Woods contra la realidad de Rory McIlroy

Tiger Woods y Rory McIlroy en The Players.
(EP)
El mundo del golf ha entrado en una peligrosa vorágine. En 18 meses, el liderato mundial ha cambiado de nombre hasta en nueve ocasiones. La trama, digna de las historias medievales que enfrentaban reinos en interminables guerras, se ha centrado en la lucha de un joven norirlandés frente a unos ingleses y un imperial golfista estadounidense que se resigna a caer en el ostracismo.
El juego de tronos está servido; el próximo escenario será el ilustre TPC de Sawgrass, un inmisericorde campo que se refugia en la belleza y el mito de algunos de sus hoyos, como el 17: un par 3 de apenas 120 metros en el que o dejas la bola en el generoso green (aunque mínimo a la vista) o te apuntas un golpe de penalidad. La Isla, como se conoce al hoyo, tiene algunos de los récords más sonrojantes de la historia, por ejemplo, los 66 golpes que un amateur necesitó para embocar la bola. Este hoyo es el paradigma de la precisión. Golf puntería.
El campeonato se presenta de nuevo como un duelo espectacular entre los mejores del mundo, un pequeño universo expectante ante el cambio de dictador. Los focos apuntarán de nuevo a Tiger Woods y Rory McIlroy; el rey contra la joya del golf. Por un lado, el humanizado Tigre insiste en tambalearse donde cimentó su leyenda, basada en un portentoso 'swing' y rematada con un imperturbable 'putt'.
El estadounidense crea mucho juego con los hierros, sigue deleitando con golpes imposibles y estalla la bola con unos 'drives' tan explosivos que resultan inalcanzables para el resto de los mortales; sin embargo, el todopoderoso Tiger tiembla cuando percibe el olor de los 'greens'.
Por ello Woods, que la pasada semana falló el octavo corte de su carrera en 281 torneos en el Circuito Americano, no termina de consumar el asalto del que fuera su trono. Además, los sucesores cada vez le acosan más. El The Players, que le vio retirarse tanto en 2010 como en 2011 por sendas lesiones, se presenta como una gran oportunidad para demostrar que la fe del Tigre sigue siendo inquebrantable.
Enfrente, la realidad del aspirante o del sucesor, según se mire. McIlroy perdió un valioso 'playoff' el domingo pasado ante otro de los emergentes golfistas del momento: Rickie Fowler. McIlroy, que volvió al número uno en detrimento del inglés Luke Donald, uno de los contendientes por la corona, demostró que cada día se desmelena más en los campos estadounidenses, pero reconoce que todavía se le resiste el TPC de Sawgrass: falló el corte en 2009 y 2010, y no participó en 2011.
Además, Hunter Mahan, Lee Westwood, Phil Mickelson (recientemente propuesto para el Salón de la Fama del golf), Steve Stricker, Webb Simpson, el propio Rickie Fowler, Adam Scott, Nick Watney, Keegan Bradley, Martin Kaymer y Jason Day, entre otros, acudirán a la fiesta. Sólo se echa en falta la presencia del bombardero zurdo Bubba Watson, que no exhibirá su flamante chaqueta verde por razones personales.
El The Players Championship no forma parte de los cuatro grandes, pero a los efectos, se comporta como tal. Y eso, a pesar de su corta tradición: ésta es la trigésima edición. Su brutal dotación económica (1,31 millones de euros para el vencedor) le sitúan como la mejor recompensa para un golfista en todo el año (si se excluye el tesoro que consigue el vencedor de la FedEx Cup, unos 7,8 millones de euros).
Por ello, y por el prestigio de ver grabado su nombre en las paredes de la impresionante Casa Club, la más grande de Estados Unidos, a él acuden los mejores golfistas del planeta. Sergio García, que regresa de su particular retiro desde el Masters de Augusta, vuelve a uno de sus campos fetiche, donde consiguió hace tan sólo cuatro años la principal medalla que cuelga de su solapa. Álvaro Quirós, el otro representante nacional, no se resiste tampoco a los encantos de semejante torneo.

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